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Design Thinking: método, filosofia creativa y actitud.

Si aquí los castizos nos subimos al carro en 2017 lo cierto es que el Design Thinking viene siendo implementado con éxito desde hace décadas, respaldado por gobiernos como los de Singapur, Finlandia, Reino Unido o Alemania entre otros, y, en el sector privado aplicado por empresas que van desde start-ups hasta gigantes multinacionales como General Electric, Apple o SAP.

Empecemos por el principio. Qué es esto del "Design Thinking"?

La definición "académica" nos dice que es un enfoque inspirado en los procesos de reflexión y trabajo del diseño y que se utiliza en el mundo empresarial para resolver problemas de manera creativa a través de herramientas, métodos y filosofía específicos. Hacer las cosas de manera distinta para provocar resultados positivamente sorprendentes requiere creatividad. La imaginación es por lo tanto la base de la creatividad. Design Thinking es una manera de empacar la esencia creativa del design y llevarla al mundo, lógico y analítico, de la empresa. Los proyectos se ejecutan típicamente a través de workshosps o programas más confidenciales y extensos, coordinados y animados por designers, consultores y estrategas. El proceso afronta el reto en cuestión con una comprensión profunda del usuario, interpretando e intentando dar sentido a gran cantidad de información a veces ambigua, conceptualizando ecosistemas y prototipando soluciones que se testean lo más rápidamente posible para ajustar el tiro cuanto antes. Fail early and fail often. Este tipo de creatividad es una de las claves de la innovación.

Esta descripción rápida puede darnos ya algunos indicios de por qué se ha convertido en un término de moda en nuestro sector.

Se trata, entre otras cosas de la confirmación de que la profesión intenta renovarse (Algo que nos parece imprescindible) e intuye claramente el potencial que el Design Thinking puede tener a la hora de aportar nuevas propuestas de valor al cliente. Sin embargo creemos que sería bastante peligroso contentarse con utilizar el Design Thinking como un producto más que añadir a nuestro portfolio: "antes hacía anuncios; ahora hago anuncios y diseño procesos de innovación". Estaríamos en ese caso no sólo vendiendo humo sino perdiendo una excelente oportunidad para resolver algunos de los problemas que tiene nuestro modelo de negocio hoy.

Para ello debemos empezar entendiendo que, antes que proceso o metodología que se domina, el Design Thinking es un estado de ánimo, una mentalidad y un aprendizaje permanentes.

Llevado hasta sus últimas consecuencias en nuestra profesión ello significaría, entre otras cosas ser menos corporativos con la noción de creatividad, y, sobre todo, educarnos y educar al cliente para trabajar de manera colaborativa desde el momento cero del proyecto. Es decir, intentar progresivamente que la situación « me das un briefing y te traigo ideas » se transforme en un « me explicas tu problema y juntos vamos a identificar y explorar soluciones posibles».